A veces la vida parece ponerte a prueba, endilgarte una tarea mas pesada de la que tus hombros son capaces de aguantar y entonces no dejas de preguntarte ¿cual es el sentido de todo esto?
A veces nos sentimos como plumas llevadas por el viento de la vida, arrastrados por eventos de los que no somos siquiera participes y movidos en direcciones que no corresponden a lo que deseamos.
¿Para qué?
Luego de todos estos años de vivir, de errar, de no quedarme quieto, de caerme y volverme a levantar, sigo sin estar seguro del todo del para qué. Honestamente, me sobrepasa. Hombres mas inteligentes, mas capaces y mejor preparados que yo se han planteado estos temas durante siglos: yo no pienso siquiera en la idea de dar una respuesta general.
Sí se mi respuesta, mi propio parametro, mi propia guia, dentro de mi paradigma y dentro de mi manera de ver el universo.
Que mi vida entera ha sido una sucesión continua de pruebas, de hechos hasta un cierto punto predeterminados, basta con el simple hecho de mirar atrás y contemplar su entretejido de eventos. Hay un orden, una lógica subyacente aunque esta se me escapa en cuanto a profundidad. Puedo ver hacía donde este camino me lleva, pero no puedo ver el camino en sí o por donde habrá de hacerme andar… solo puedo ver la meta, iluminada con los últimos haces de un crepúsculo lejano.
Y ahora… ahora estoy en una encrucijada, otra vez. Sé que todos los caminos me llevarán en la misma direccion, pero varía en cada caso el tiempo que tarde en llegar y el estado en que habré de llegar, lo que es mas importante aun… Y ante esa disyuntiva no sé qué hacer, simplemente cierro los ojos y dejo que el viento me guíe una vez más.
